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INJUSTICIA CON ROSTRO HUMANO, José León


Tomado de Opinion extra.com
INJUSTICIA CON ROSTRO HUMANO, José León: Injusticia y Esperanza, Se dice bien que los grandes casos hacen mala jurisprudencia. Tal vez por ello, José León fue el chivo expiatorio, la excusa pública para expiar las culpas de una sociedad todavía prejuiciada y rencorosa  Conocí a José León Sánchez tardía y recientemente. Me habló de mi padre y de la sentencia de la Sala Constitucional que reconoció las múltiples violaciones cometidas en el proceso que lo condenó a prisión perpetua y lo condenó más allá de ésta. Tuve así la suerte de conocer al escritor y al ser humano excepcional en una etapa de la vida donde los años pasan factura, pero dan también una lucidez y serenidad extraordinarias. Tuve también la suerte de lograr su consejo y apoyo electoral.
Se dice bien que los grandes casos hacen mala jurisprudencia. Tal vez por ello, José León fue el chivo expiatorio, la excusa pública para expiar las culpas de una sociedad todavía prejuiciada y rencorosa.

En los años 50 del pasado siglo, José León pasó a ser conocido como el “Monstruo de la Basílica”, se le acusó y juzgó violando las reglas más elementales del debido proceso y del derecho de defensa. Se le torturó, se limitó su defensa y se le condenó injustamente a prisión perpetua para acallar a las multitudes que deseaban vengar la mayor ofensa a nuestra Virgen de los Ángeles.

Toda gran mentira está fundada en una parte de verdad que la hace creíble, decía Cicerón.

A José León, unos hechos aislados pero relacionados con el “crimen”, le dieron a los acusadores la apariencia de prueba (indebida e injusta), para condenarlo.

Y así terminó en la cárcel un pobre hombre, de origen indígena, de una madre olvidada en un rincón de la patria en Cucaracho de Río Cuarto, que creció marginado entre el hospital de Alajuela y el Hospicio de Huérfanos de San José, sin ninguna oportunidad de educarse.

José León vive su pasión dolorosa en la antigua Penitenciaría y en San Lucas, su Isla de los Hombres Solos. Aprende a leer y a escribir y lo hace con pasión y construye su madurez de escritor de vuelos altos, con un estilo tan propio que ninguna escuela literaria lo puede encasillar.

Y logra los mayores éxitos literarios que ha alcanzado un costarricense. Algunas de sus obras se han traducido a decenas de idiomas y son leídas por millones de lectores. Tenochtitlán, Cuando nos Alcanza el Ayer, La Cattleya Negra, Cuando canta el caracol, A la izquierda del sol, La colina del buey, Campanas para llamar al viento, Mujer... aun la noche es joven, Tortura el crimen de Colima, La niña que vino de la luna, Los gavilanes vuelan hacia el sur, La luna de la hierba roja, son solo algunas de obras más reconocidas.

Pero el pasado lo sigue alcanzando (Cuando nos Alcanza el Ayer, es una de sus obras más crudas), durante buena parte de su vida. La Sala Constitucional y la Sala Penal declaran nula la sentencia que lo condenó injustamente.

El 24 de julio de 1998, la Sala Constitucional (sentencia 05347-98), a solicitud de la Sala III, sustentó jurídicamente las violaciones a la Constitución y a los derechos humanos en el juicio original en que se condenó a José León Sánchez, lo que determinó, a la larga, el reconocimiento de su inocencia.

Conforme a la Convención Americana de Derechos Humanos, toda persona condenada injustamente tiene derecho a una justa reparación. En el caso de José León, se le reconoció tardíamente su derecho y su estado de inocencia, pero el Estado (los jueces de lo contencioso administrativo), terminó negándole su derecho a una justa indemnización.

De vez en cuando la vida nos regala un amigo inesperado, un compañero de viaje muy distinto a nosotros, pero que por su testimonio y por su compromiso de amistad, nos devuelven nuestra condición humana. Hoy le agradezco haberme dado la oportunidad de conocer a José León Sánchez.


Por: Rodolfo E. Piza Rocafort.


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