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Se busca inocente

Tomado de: opinion diario extra.com
Imagínese una persona cualquiera, hombre o mujer, dele un nombre. Ahora piense que usted se entera que esa persona está en prisión cumpliendo una pena de 30 años por homicidio. ¿Usted da por sentado que ese individuo efectivamente cometió el delito cierto?
Esa persona puede ser que hace cinco o seis años no está presente para ver cómo crecen sus hijos, fue dejado por su pareja sentimental o lleva esa cantidad de tiempo sin dormir dignamente en una cama en vez de pasar la noche bajo un retrete sin tener siquiera una espuma.
Usted al igual que yo, quiere creer que la Administración de Justicia nunca se equivoca, que si se condena a una persona a pasar los próximos treinta años en prisión es debido a que cometió un delito que lo amerita y que jamás podría estar en la cárcel alguien que no hizo algo “mal”.
¿Y si esa persona fuera inocente?  Lamentablemente miles de hombres y mujeres se encuentran en este momento en prisión sin haber cometido un delito, esto se produce alrededor del mundo. Gran cantidad de personas se encuentran privadas de su libertad y en consecuencia su calidad de vida y planes se ven seriamente afectados y nunca cometieron el hecho que se les achaca.
Un caso muy sonado en Costa Rica fue el de José León Sánchez que a raíz de su experiencia escribió el libro “La Isla de los Hombres Solos”, él pasó muchos años en lo que fue la cárcel de San Lucas siendo inocente, teniendo que soportar pésimas condiciones de vida y malos tratos. Otro doloroso y reciente caso es el del colombiano Jorge Castillo Sánchez, este pasó cuatro largos años de su vida en la cárcel por un error que se cometió al confundirlo con otra persona  por sus apellidos.
Se pueden producir errores también -sin que sean las únicas posibilidades- por error en la individualización del sujeto, una ciencia forense no bien empleada o desactualizada, testimonios o admisiones falsas, incluso por ineficiente representación del acusado.
Casos como los de León Sánchez, Arnoldillo y Castillo lastimosamente no son únicos, existen miles en el mundo y en Costa Rica que es nuestra realidad más próxima  no es ajena a esto. Es vital la mejora continua del aparato punitivo del Estado, desde la tecnología a que tienen acceso los funcionarios judiciales hasta la capacitación de estos.
Inocentes que están en prisión no solo son estos dos ejemplos que cito, existen más y encontrarlos debe ser una tarea incesante. Considero fundamental que además del aparato estatal, exista una organización civil que no claudique en esta tarea.
Afirmar que los mencionados son dos casos aislados que se dieron en nuestro país sería signo de una completa prepotencia y ceguera ante la realidad. En todos los Estados del mundo se dan errores judiciales que tienen consecuencias tan graves e irreparables como las de enviar a un inocente a prisión, incluso en los llamados países desarrollados.
Para muestra un botón; en Estados Unidos, específicamente en California, hace dos décadas, se creó un proyecto destinado a brindarle asesoría jurídica a personas en esta situación para hacer lo posible para sacarlos de prisión y conseguir que el Estado les indemnice. Además, esta iniciativa busca involucrar jóvenes estudiantes de Derecho que realicen voluntariado en la organización para crearles conciencia al respecto y formar juristas con sensibilidad en el tema y tengan las herramientas para hacer algo al respecto.
Nuestro país necesita imitar proyectos como el que expongo. Por otro lado, la ayuda a los inocentes no es tarea únicamente de los abogados y entendidos en la materia, sino de la sociedad en su conjunto para que democráticamente fiscalice la tarea del Poder Judicial y además, le permita a quienes logran ser declarados inocentes reinsertarse a la vida en comunidad.
Los inocentes no sabemos dónde están exactamente, pero tenemos que encontrarlos.

Amanda Segura Salazar.
Cédula de identidad 1-1525-0107


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